Trinidad y Tobago sin carnaval por razones políticas

Trinidad y Tobago sin carnaval pero por sucesos que no se relacionan con presupuestos, contingencias climáticas o prejuicios culturales. La semana pasada miembros de las fuerzas antiterroristas detuvieron a cuatro sospechosos. Fue en Mohammedville, un suburbio al este de la capital, Puerto España. Aparentemente los presuntos yihadistas pretendían atentar contra el célebre Carnaval de esta nación caribeña, de poco más de 1,3 millones de habitantes, situada frente a las costas de Venezuela.

Las embajadas de varios países occidentales habían alertado sobre la alta probabilidad de que se produjese un atentado, pese a que el Frente Islámico, un partido político de corte religioso, manifestó que las detenciones tenían como motivo “oprimir aún más a los musulmanes del país”. La investigación en curso ya detuvo a otra decena de personas.

Trinidad y Tobago es el país del hemisferio occidental con mayor porcentaje de militantes del Estado Islámico. Según un reciente informe de la agencia de inteligencia privada Soufan Group, unos 130 yihadistas de esta nacionalidad han combatido en Siria e Irak, y ahora, al parecer, están regresando a casa.

Preocupación en EE.UU.

«A los funcionarios estadounidenses les preocupa tener un campo de cultivo de extremistas tan cerca de EEUU, temiendo que los combatientes trinitenses puedan regresar desde Oriente Medio y atacar a diplomáticos norteamericanos o instalaciones petrolíferas en Trinidad, e incluso tomar un vuelo de tres horas y media a Miami», señalaba hace un año el New York Times.

No es mera paranoia: en 2012, un trinitense fue condenado por su participación en un complot yihadista para atentar en el aeropuerto JFK de Nueva York cinco años antes. «A los trinitenses les va muy bien en el ISIS. Están muy arriba en sus filas, son muy respetados y hablan inglés. El ISIS los ha usado para la propaganda para difundir su mensaje por el Caribe, afirma John. L. Estrada, ex embajador de EEUU en el Caribe.

Más de 100 mil trinitenses son musulmanes, lo que supone alrededor de un 6% de la población. Algunos son descendientes de los trabajadores de las Indias Orientales traídos a mediados del siglo XIX durante la época colonial, mientras que otros pertenecen a la organización Jamaat Al Muslimeen, un grupo con un componente más político compuesto casi exclusivamente por personas de raza negra.

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