La Rinconada, al límite del organismo humano por su altitud. Una aventura científica y humanitaria en la ciudad más alta del mundo, a 5.300 metros sobre el nivel del mar.

La Rinconada altitud

“Somos la primera expedición científica en el mundo en ir a la ciudad más alta del mundo donde los habitantes viven con la mitad de oxígeno que cualquier habitante de una ciudad en la playa. El objetivo del estudio es comprender cómo pueden vivir en condiciones extremas con hipoxia, sabiendo que hasta entonces pensamos que el hombre no podría vivir permanentemente a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar”, explica Samuel Vergès, gerente y coordinador de la expedición.

¿Qué adaptaciones y qué mecanismos pueden permitir tal vida en altitud? Estas son las preguntas que esta expedición intenta responder.

Sin embargo, el equipo científico ha descubierto que parte de esta población peruana tiene patologías específicas relacionadas con esta falta de oxígeno.

“La expedición de 2019 trató de comprender por qué aproximadamente una cuarta parte de esta población tiene intolerancia a la falta de oxígeno y enfermedades desarrolladas. Esta es la enfermedad crónica de las montañas, específica de las poblaciones de gran altitud que se caracteriza por un exceso de glóbulos rojos en la sangre, una policitemia excesiva, la más alta del mundo que puede alcanzar 85%.

“Tanto es así que la sangre se vuelve viscosa, evitando que el corazón y los vasos la transporten al cuerpo. Resultados: problemas de circulación, fallas cardíacas, derrames cerebrales o ataques cardíacos en algunas personas”, explica.

Si esta población vive a una altitud tan alta es porque trabajan en una mina de oro que atrae cierta actividad económica. Una población que sobrevive en condiciones precarias y no se beneficia de ningún tipo de atención o apoyo médico.

“Acepta de buena gana participar en las pruebas y así cuidarse. Los medicamentos que se les administrarán se han seleccionado en particular de acuerdo con su precio y su accesibilidad para que a largo plazo la población local pueda usarlos de forma independiente”.

“Estos dos tipos de drogas ya están en el mercado y se usan para otras enfermedades, además de la enfermedad crónica de montaña”, dice Samuel Vergès.

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