Julio Ramón Ribeyro, peruano recordado por Casa de las Américas

Julio Ramón Ribeyro, peruano recordado por Casa de las Américas. Casa de las Américas, en Cuba, evocó los cuentos de una vieja antología en homenaje al escritor peruano Julio Ramón Ribeyro.

Julio Ramón Ribeyro Casa Américas

La Casa de las Américas de La Habana, Cuba, aludió este martes a la selección de cuentos del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, publicados por esa institución cultural en 1975 e incluidos en su colección La Honda.

El volumen de 312 páginas, compilado por Pedro Simón Martínez, incluye 13 relatos del intelectual peruano, nacido el 31 de agosto de 1929, como Cuento de circunstancias, Tres historias sublevantes, Los hombres y las botellas y La palabra del mundo.

En su cuenta de Twitter, esta institución calificó a Ribeyro como uno de los mejores narradores de la literatura latinoamericana y quien, desde su primera obra del género La vida gris, publicada en la revista Correo Bolivariano en 1949, expresó sus dudas sobre la existencia inútil.

Tiempo después, en 1953, becado para estudiar periodismo, viajó a España y, tras un año en la Universidad Complutense de Madrid, partió hacia París, Francia, y publicó su primer libro Los gallinazos sin plumas, una colección de historias urbanas que salieron a la luz en 1955.

En el relato homónimo, el autor desvela la historia de los niños Efraín y Enrique, quienes desde las seis de la mañana recorren los basureros de la ciudad para alimentar a Pascual, su abuelo Don Santos. cerdo.

Durante los años siguientes viajó por Francia, Alemania y Bélgica, alternando la escritura con otros trabajos como reciclador de periódicos, conserje, portero de metro, vendedor de productos de impresión y obrero en una fábrica fotográfica, según su biografía.

En esos lugares comenzó a escribir Crónica de San Gabriel, publicada en 1960 -gracias a la cual ganó el Premio Nacional de Novela- y a su regreso al Perú se desempeñó como profesor en la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, sin desistir. literatura.

En 1961 viajó nuevamente a París como periodista de la Agence France Press, luego fue agregado cultural en la embajada peruana y, de su experiencia plasmada en La tentacion del fracaso, reconoció: ‘Lo que yo llamo mis sacrificios (…) son quizás fallas simuladas, imposibilidades. Mi excusa: soy escritor.

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