Feria de Guadalajara puso al rojo vivo la “grieta” literaria del Perú

Feria de Guadalajara puso al rojo vivo la “grieta” literaria del Perú

Nueva generación de autores

Las ferias del libro ya no son lo que eran. En algunos casos, eso es bienvenido para el mundo literario y editorial, que busca siempre algún debate (cuando no un escándalo) que imponga nombres nuevos y genere más ventas, pero para los organizadores y representaciones diplomáticas, en especial de los países “huéspedes de honor”, sobre los cuales está el foco, a veces el calor se pasa de grados

Tal lo que ocurrió en la Feria del Libro más importante de América Latina, la de Guadalajara, México (FIL), la más equiparable en importancia con la de Fráncfort en Europa, que se inició el 26 de noviembre y concluyó el sábado.

El calor de su ambiente político marcó la participación de Perú como invitado de honor, a la vez que ha abierto una oportunidad para que nuevas voces de su escena literaria se den a conocer. Los autores de la delegación invitada reconocen la crisis, pero también la oportunidad creativa que trae consigo. La lucha puede ser muy ideológica, pero el capitalismo jamás está ausente. La Feria saludó entonces la pluralidad de registros poéticos y narrativos de la delegación, así como un notorio interés identitario, donde destacan el feminismo y la reivindicación de las lenguas indígenas. Pero las tensiones generadas por visiones políticas contrapuestas casi quiebran la participación peruana en el encuentro.

“Convive un momento que a mí me parece potencial, que tiene potencia, con otro momento que ya representa el pasado, algunos autores que están a la retaguardia y sin embargo son muy leídos”, dijo a la prensa el novelista Richard Parra, de 45 años. El autor de “Resina” (Seix Barral, 2019) cree que el éxito de aquellos autores responde al uso de un lenguaje estándar que se ciñe a modelos consagrados por el mercado “sin mayor penetración lingüística, histórica y literaria”. “La lengua yo la agarro de la calle (…) de ahí la transformo como pueda en otra cosa”, señaló Parra, quien explora la transformación de las palabras y el humor.

Miluska Benavides, reconocida entre los 25 mejores narradores hispanos menores de 35 por la revista británica Granta, resalta también a una generación de autores fruto de un “nuevo paisaje social peruano”. Hija de migrantes andinos, muchos desplazados a grandes ciudades por la pobreza y la violencia de la guerrilla maoísta Sendero Luminoso en los años 1980, Benavides retoma esos orígenes, así como la influencia de autores como Miguel Gutiérrez o Pilar Dughi. También se asume parte de una escena de “nuevas identidades urbanas a partir de sus propios materiales y origen”.

Pero el afán reivindicativo del gobierno de Pedro Castillo, primer mandatario izquierdista y de origen campesino en décadas, casi descalabra la delegación. En septiembre, su gobierno desembarcó a una decena de autores argumentando que debía privilegiarse a escritores indígenas o provincianos que no habían tenido oportunidad de mostrarse en el escenario internacional. La decisión excluyó de la FIL a autores como Gabriela Wiener, Karina Pacheco o Renato Cisneros y precipitó la renuncia solidaria de figuras como Santiago Roncagliolo.

Roncagliolo explicó que “muchos escritores sintieron que el Estado despreciaba” el trabajo de los autores retirados y por ello abandonaron la delegación. Los “vaivenes de la política” determinaron una selección de autores poco conocidos, incluso para los peruanos, opina Roncagliolo, pero que representan las voces y realidades “diferentes y a menudo contradictorias” del Perú contemporáneo. “Esta feria es una oportunidad para descubrirlos”, dijo el autor de “Abril Rojo”.

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