Enrique Verastegui Peláez, Perú ya extraña la partida del poeta

Enrique Verastegui Peláez, Perú ya extraña la partida del poeta. Murió a los 68 años. Es clásico su libro «En los extramuros del mundo». Pasa a la historia como cofundador del movimiento literario Zero Hour.

Enrique Verastegui Peláez

Verastegui era mejor conocido por su poesía, pero también produjo notables incursiones en la narrativa, ensayos, teatro, matemáticas, pintura y crítica. Es considerado uno de los mejores poetas contemporáneos de América Latina.

Verastegui nació en Lima el 24 de abril de 1950, pero creció en la cercana ciudad de Cañete antes de regresar a la capital para estudiar en la universidad en 1969.

Todavía joven, fundó el movimiento literario ‘Hora Zero’ junto con los poetas Enriqueta Belevan, Carmen Olle, Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz y Jorge Najar. Hora Zero era un movimiento literario rebelde, crítico de los intelectuales peruanos cada vez más burgueses y de autores y artistas patrocinados por el gobierno.

Publicó su primer libro de poesía, ‘En los extramuros del mundo’, cuando tenía solo 21 años. Se convirtió en la creación más representativa de Hora Zero y dejó una marca permanente en el Perú y en Latam.

El libro se escribió entre las calles de Perú y la Facultad de Economía de la Universidad de San Marcos, como solía decir Verastegui. Luego se le entregó al editor Carlos Milla Bartres, quien le escribió un prólogo memorable.

«Desde la protesta intelectual de manifiestos y panfletos agresivos contra la mercantilización en los congresos, Verastegui ha cruzado a la insurrección creativa, como lo atestigua este valioso libro revolucionario de una vitalidad peculiar por su contribución original a la poesía peruana y latinoamericana», escribió Milla Bartres en el momento.

Verastegui recibió numerosos premios literarios, culturales y académicos durante su vida. Falleció en el Hospital Edgardo Rebagliati en Lima después de un ataque al corazón el 27 de junio de 2018.

Uno de sus versos, acerca de la muerte de su abuela:

Ya puse estos versos como ramas de olivo sobre tu tumba oh mi
abuela y me tendrás aquí
para siempre – gritando, dando alaridos, llamándote, prosternado
a tus maneras,
levantándome, maldiciendo a pesar de las prohibiciones y de que no
debo hablar con locos
o pillar frutas en los mercados.

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