Enólogos peruanos resisten la pandemia autogenerando ingresos. La resistencia de los comerciantes y enólogos enseñan lecciones inspiradoras para repensar la relación entre supervivencia, pensamiento y acción.

Enólogos peruanos

Estamos hablando de los inevitables tenderos o enólogos, que tienen un inmenso potencial por explorar para empoderarse y profesionalizarse, ya que en estos momentos gran parte de ellos trabajan sin grandes técnicas y herramientas de última generación.

Esto les permite volverse profesionales y más productivos, dentro de la cadena de valor en la que operan.

La importancia de este modelo de negocio se refleja en diversas estadísticas de los mercados sudamericanos, que indican que las ventas de tiendas o almacenes pueden haber disminuido significativamente en la situación actual, pero en conjunto conforman una gran fuerza económica.

Según un estudio de la consultora Fundes, las bodegas o tiendas de barrio representan el 40% de las ventas de abarrotes en América Latina, lo que las convierte en una gran fuerza económica.

El denominador común detrás de las historias de cada bodega es la necesidad de autogenerar su propia economía, además de ser parte de una herencia familiar o una oportunidad para formar una familia, así como la fuerza para superar obstáculos y crisis con recursos limitados. y soporte mínimo de canales tradicionales.

En medio de las restricciones sociales impuestas por la cuarentena en Perú, principalmente en la fase 1, se puede conversar con varios comerciantes -de diferentes ubicaciones geográficas de Lima-, sobre sus expectativas en cuanto a la continuidad de sus negocios y los ajustes a la cadena de suministro que les permita seguir sirviendo a sus clientes.

La mayoría de los entrevistados indicaron que no habían parado desde el inicio de la pandemia y sus ventas seguían manteniendo casi los mismos niveles, con la diferencia de que ahora era necesario “levantarse más temprano”, para ir a buscar mercadería, dado que muchos centros de producción de bienes de consumo operaban al 30% de su capacidad, lo que provocó algunos retrasos en la recepción de sus pedidos.

También se vieron obligados a trabajar menos horas debido a las limitaciones impuestas por la emergencia sanitaria y el “toque de queda” nocturno.

Además, refieren que se sienten “privilegiados y agradecidos” porque a pesar de las restricciones sanitarias impuestas, pudieron seguir trabajando abasteciendo a la población con las necesidades básicas, mientras que otras actividades económicas se paralizaron o se reactivan lentamente, sin mencionar que en muchos casos se vieron obligados a cerrar.

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