El interés del Caribe en poner a «su» secretario general en OEA. El concurso para el puesto de secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) ya está en marcha.

OEA Caribe

Los concursantes son el titular Luis Almagro, cuyo mandato actual finaliza en marzo; Hugo de Zela, el actual embajador de Perú en los Estados Unidos; y, la única mujer, Maria Fernanda Espinosa, más recientemente presidenta de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Dos países del Caribe, Antigua y Barbuda y San Vicente y las Granadinas, nominaron a Espinosa. Colombia presentó al uruguayo Luis Almagro. Y Perú propuso a De Zela.

Además de De Zela, las nominaciones de los candidatos se apartan de la norma. Por lo general, los candidatos son presentados por sus propios gobiernos.

El hecho de que no se siguiera la tradición para esta elección demuestra el estado de desorden en la OEA, una condición que se ha agudizado en los últimos cuatro años. Dos cosas han impulsado la interrupción del funcionamiento sistémico de la OEA.

El primero es un movimiento desde la creación de consenso sobre las decisiones hasta la imposición por parte de gobiernos poderosos de su voluntad a través de un proceso de coerción o tráfico de influencias.

El otro es el argumento del Secretario General Luis Almagro sobre la autoridad para usar la organización como plataforma para pronunciamientos que solo reflejan sus posiciones estrechas y no la membresía de la OEA como un cuerpo colectivo.

En circunstancias ordinarias, Almagro sería reelegido como secretario general con poco disenso.

Por varios pasos en falso, Almagro logró alejarse de las expectativas que muchos líderes caribeños tenían de él. Todos los líderes caribeños habían apoyado sus elecciones de 2015.

No es el caso en 2020. Y están dispuestos a hacerse escuchar en sus reclamos.

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