Despenalizar las drogas, la experiencia de la policía en Canadá. En los últimos tres años y medio, los opioides han matado a casi 14 mil personas en Canadá. Despenalizar ya es una posibilidad inteligente.

Despenalizar drogas Canadá

Según las estadísticas oficiales en Canadá existieron 3.823 muertes, solo en 2019, a causa de este fenómeno.

Y eso sin olvidar a todos aquellos que han tenido que ser hospitalizados por sobredosis y otras dolencias, que siguen a la adicción a las drogas cuando se prolonga al área de actividad criminal. O la contaminación del VIH entre los usuarios de drogas inyectables que “disparan” en callejones insalubres.

Durante más de una década, la “guerra contra las drogas” ha sido vista en todo el mundo como una guerra perdida. Los países más represivos tienen las tasas más altas de drogadicción. Esa prohibición crea un contexto favorable para el crimen organizado. Y si bien no elimina el fenómeno de la dependencia de opiáceos, la despenalización mitiga considerablemente sus consecuencias sociales y médicas más dañinas.

La guerra contra las drogas decretada por Washington hace medio siglo “ha creado estados fallidos en el mundo en desarrollo, mientras que el consumo ha estallado en el mundo desarrollado”, Así lo describió hace 10 años el semanario británico The Economist, que describe este enfoque como “desastre”.

Figuras internacionales a favor

En 2011, un grupo de figuras internacionales, incluido el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, el escritor peruano Mario Vargas Llosa y algunos ex presidentes latinoamericanos pidieron a la comunidad internacional que despenalice todas las drogas.

Con los años, algunos países han optado por cambiar el enfoque punitivo por una estrategia de “reducción de daños”.

En Portugal, uno de los países más vanguardistas en este campo, un drogadicto arrestado con una pequeña cantidad de opiáceos no enfrenta juicio ni prisión. Más bien, será derivado a una Comisión de Disuasión de Adicciones, que lo dirigirá, si es necesario, a un centro de desintoxicación.

En este país, la drogadicción se trata como un problema de salud pública. Y el adicto como una persona enferma, no como un criminal.

Entre los efectos positivos de este enfoque: una disminución de las sobredosis y una caída fenomenal en la tasa de infección por VIH y otras enfermedades transmitidas por la sangre.

Hace dos semanas, en Canadá, se agregó una nueva voz al movimiento para lanzar las armas represivas contra las drogas “duras”. Es el de la Asociación Canadiense de Jefes de Policía (CACP), que pide a Ottawa que cambie el Código Penal para despenalizar la simple posesión de sustancias ilícitas.

Tenga cuidado, despenalizar no significa legalizar. Según la estrategia propuesta por la organización, que representa a unos 1.300 jefes de policía en Canadá, la posesión de pequeñas cantidades de drogas ilegales seguiría prohibida, pero daría lugar a sanciones más leves, como multas.

Al mismo tiempo, la drogadicción se trataría como un problema de salud pública y seguridad en lugar de un delito que estigmatiza y juzga innecesariamente a las personas extremadamente vulnerables.

La apelación de los jefes de policía se basa en el informe de un comité establecido en 2018 para encontrar una respuesta a la epidemia de sobredosis de opioides, incluido el fentanilo, una verdadera calamidad que afecta particularmente al oeste de Canadá.

Las recomendaciones del ACCP no son ideológicas ni políticas. Es una respuesta pragmática a una tragedia nacional. Una respuesta que no es una solución milagrosa, pero que ya ha sido probada en otros lugares.

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